¿A QUIÉN LE AMARGA UN DULCE?

El azúcar nos encanta, el dulce es el sabor que mejor aceptamos desde niños y sentimos un gran placer al consumirlo. Además nos proporciona energía inmediata muy necesaria para el cuerpo. ¡Pero todo en su justa medida!

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Es bien sabido cuales son los riesgos de un consumo excesivo de azúcar, no se trata solo de caries y de obesidad. Los estudios muestran que el consumo elevado de azúcares incrementa las posibilidad de padecer patologías en aumento en nuestra sociedad, como diabetes de tipo 2, cardiopatías, hipertensión o cáncer.

Por ello la organización mundial de la salud, lanzo en 2015 una directriz mundial para reducir la ingesta de “azúcares libres” al 5- 10% de la ingesta calórica total. Pero ¿que son estos “azúcares libres”? Los expertos consideran que son los monosacáridos y los disacáridos añadidos a los alimentos y las bebidas por el fabricante, el cocinero o el consumidor, más los azúcares naturalmente presentes en la miel, los jarabes, los jugos de frutas y los concentrados de jugos de frutas (http://www.who.int/nutrition/publications/guidelines/sugar_intake_information_note_es.pdf)

Consumimos azúcar sin realmente ser conscientes de ello.

Esquivar los azúcares añadidos resulta una misión complicada. Nos sorprendería la cantidad de azúcar que pueden llevar los refrescos, zumos, batidos, salsas, cereales de desayuno, galletas, bollería, comidas procesadas y conservas… Además de endulzar el azúcar -la glucosa y la sacarosa-, los jarabes y los edulcorantes como la sacarina y el aspartamo tienen otros usos en la industria alimentaria. Son correctores de acidez de los yogures, sirven para conservar frutas (almíbar), evitan que cristalicen los helados, en panadería ayuda a conservar masas batidas y fermentadas…

Las prisas y la falta de experiencia hacen que no nos fijemos en el etiquetado de los alimentos, ni en las cantidades de azúcares añadidos que estamos sumando gratuitamente a la dieta. Además a veces las alegaciones nutricionales del etiquetado como “bajo en azúcares” o “sin azúcares añadidos” provocan confusión, esto no quiere decir que no contengan azúcar ni mucho menos.

¿Cómo podemos evitar este consumo masivo de azúcar?

Algunos países como México o Francia, ya han tomado medidas y han puesto en marcha impuestos elevados sobre productos edulcorados para reducir su consumo. En otros se ha introducido un nuevo etiquetado en el que la información nutricional aparece de forma más clara, por ejemplo mediante un código de colores en forma de semáforo.

Al margen de estas medidas que aún no sabemos si algún día llegarán a España, algo básico es reforzar la educación nutricional concienciando de los beneficios que esto supondría para nuestra salud.

Desde Blogicalimentaria queremos terminar con algunos consejos que esperamos que os ayuden a poco a poco ir “desenganchándoos” del azúcar:

  • Prestar más atención a la información nutricional que aparece en el etiquetado de los alimentos que consumimos. Tratar de seleccionar el producto que contenga menor contenido en azucares simples.
  • Hacer la compra con más frecuencia en un mercado de proximidad que nos ofrezca productos de calidad, locales y frescos. Acudir al supermercado de forma ocasional y evitar la comida procesada.
  • Evitar añadir azúcar a alimentos que comamos de forma diaria o preparemos en casa, como café, té, postres, fruta…
  • A la hora de elaborar postres y repostería, intentar reducir la cantidad de azúcar indicada en la receta y darle un toque de sabor original con frutos secos, vainilla o limón.
  • Preparar salsas caseras para evitar las industriales.
  • Remplazar los zumos industriales y refrescos por agua, infusiones, zumo de fruta natural.
  • Comprar los yogures naturales y añadirles fruta fresca, copos de avena, o frutos secos.
  • Hacer un desayuno equilibrado, escogiendo siempre pan del día mejor que pan de molde, y copos de avena o cereales integrales mejor que otra opción chocolatada.
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